miércoles, 4 de marzo de 2015

Religión como fuerza motivacional


“Las creencias no se transmiten por los genes, sino a través del ejemplo y la ayuda directa en el aprendizaje” (Corominas)

Dejando a un lado la motivación con el deporte, ahora en esta entrada hablare sobre la religión y la motivación, debido que al leer una entrada de mi compañero Juan Carlos me intereso para crear una nueva, interactuando en el intercambio de información, ideas y mantener un apoyo constante para complementar nuestras entradas.

Primeramente como conocemos desde la antigüedad Aristóteles, Platón, entre otros autores establecen que el ser humano tiene un alma, es decir que posee un aspecto espiritual. Por lo tanto, de acuerdo a un artículo llevado a cabo por Emilio Acosta, Olga Guerrero y Emma Rojas cada cultura mantiene un ideal de autotrascendencia, debido a que es la naturaleza del ser humano con el propósito de satisfacer una necesidad de relación y con un ser superior

Dentro de la comunicación que mantuve con Juan Carlos, ambos coincidimos que en la práctica religiosa las motivaciones son diversas, lo que lleva a las personas a un sobresaliente nivel espiritual con base a la experiencia religiosa donde cada persona mantiene vínculos dentro de ella para su trascendencia y darle sentido a lo que realiza con el deseo de hacer lo correcto para llegar a Dios obteniendo la felicidad.

En contraste, mantener una buena actitud y comportase de manera ética y moral según nos enseña nuestra religión, se consideran motivaciones, por el contrario no solo se involucra lo que te mueve para realizar una acción sino también  comprende el reconocimiento en uno mismo y tener en cuenta que es posible tener una relación con Dios, lo que lleva a una persona a cambiar su conducta en cuestión a lo mencionado.

Puedo concluir con Juan Carlos que al tener presente la religión, es decir lo espiritual tendemos a aumentar nuestras metas, haciendo un sacrificio por conseguir el objetivo; de esta manera las personas asumen compromisos que consisten en los cambios de su estilo de vida diaria. De la misma manera la religión como fuerza motivacional puede considerarse como procesos internos, donde uno mismo se reconoce y mantiene una relación cercana a Dios, donde cede un momento de dialogo continuo de confianza y de confidencia. 

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